SOBRE MÍ


Comencé a estudiar francés porque estaba harta del inglés.

No es la historia romántica que suele contarse sobre el aprendizaje de una lengua, pero es la verdad. Estaba en la preparatoria y necesitaba algo distinto. Al principio las clases me parecieron aburridas y estuve a punto de abandonar. Entonces cambié de escuela y descubrí un idioma completamente diferente al que imaginaba.

Lo que comenzó como una curiosidad terminó convirtiéndose en una forma de vida. Llegaron los libros y, con ellos, el deseo de comprender mejor una lengua que me permitía mirar el mundo desde otro lugar. Más tarde estudié Letras Francesas en la UNAM y realicé una maestría en Didáctica del Francés y Lenguas del Mundo en la Sorbona Nouvelle (Paris 3).

Desde hace más de dieciséis años enseño francés a adolescentes y adultos. He acompañado a estudiantes con objetivos muy distintos: algunos buscan certificarse, otros se preparan para vivir, estudiar o trabajar en francés; otros simplemente desean acercarse a una lengua y una cultura que los atraen. Todos llegan por motivos diferentes, pero casi siempre descubren que aprender un idioma transforma algo más que la manera de comunicarse.

Después de todos estos años, sigo convencida de que una lengua nunca es solamente una lengua.

La gramática importa. La pronunciación importa. El vocabulario importa. Pero también importa aquello que ocurre cuando una persona comienza a apropiarse de un idioma y descubre que puede pensar, bromear, emocionarse o contar algo de sí misma en palabras nuevas.

Por eso me gusta crear un espacio donde el rigor y la exigencia convivan con la curiosidad y la confianza. Un espacio donde equivocarse forme parte del aprendizaje y donde el francés deje de sentirse como una materia para convertirse en una herramienta viva.

Huis Clos nació de ese deseo: ofrecer un lugar para aprender francés con profundidad, seriedad y cercanía.

Un lugar donde la lengua no sea únicamente un conjunto de reglas o un objetivo profesional, sino también una experiencia de encuentro.

Porque algunas lenguas se aprenden. Otras terminan convirtiéndose en una forma de habitar el mundo.

Verónica Ávila
Maestra en Didáctica del Francés